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La tecnología del hogar ha cambiado radicalmente en una sola década. El router, el móvil, la tablet, el televisor conectado — lo que antes era opcional es hoy infraestructura cotidiana. Y cuando algo de eso falla, el asegurado espera que su póliza tenga una respuesta.

Pero no todas las aseguradoras que lo ofrecen obtienen los mismos resultados. El servicio puede ser idéntico sobre el papel — y generar fidelidad en un caso y frustración en otro. La diferencia está en los detalles de implementación que raramente aparecen en el briefing del producto.

Esto es lo que hemos aprendido gestionándolo.

Qué es realmente la asistencia tecnológica en una póliza de hogar

La definición de producto es sencilla: un servicio incluido en la póliza de hogar que permite al asegurado llamar cuando tiene un problema con su tecnología doméstica y recibir ayuda. Sin coste adicional, sin trámites, sin esperar a que le toque a él.

Pero la realidad operativa es bastante más compleja que esa definición. Los problemas que llegan no son los que aparecen en el briefing del producto cuando se diseña el servicio.

El asegurado no llama para decir «tengo un problema de configuración DNS». Llama para decir que «el wifi no funciona y mi hijo tiene que entregar un trabajo esta noche». O que «mi madre de 80 años me ha dicho que su móvil hace cosas raras y no sé si es un virus». O que «he comprado una tele nueva y no entiendo cómo conectarla a lo que ya tenía».

Detrás de cada una de esas llamadas hay una situación concreta, con un nivel de ansiedad específico y con una persona que no tiene vocabulario técnico para describir exactamente qué está pasando. El técnico que atiende tiene que diagnosticar el problema real a través de lo que el asegurado es capaz de contarle — y resolverlo, o escalarlo si no puede hacerlo a distancia, sin que el asegurado sienta que le están pasando el problema a otro.

La dificultad de este servicio no es técnica. Es comunicativa. Y eso cambia completamente cómo hay que diseñarlo y con quién.

Por qué unas aseguradoras obtienen resultados y otras no

Hemos visto implementaciones del mismo servicio con resultados muy distintos. La diferencia no está en el contrato ni en el precio — está en tres decisiones de diseño que a menudo se toman sin demasiada reflexión.

La primera es el perfil de quien atiende. La asistencia tecnológica al hogar no es soporte técnico corporativo. El asegurado medio no es un IT Manager — es una persona con un problema que le afecta en su vida cotidiana y que necesita que se lo expliquen con claridad, sin tecnicismos y con paciencia. Un técnico muy cualificado que no sabe comunicar con ese perfil de usuario genera más frustración que un técnico menos especializado que sabe escuchar y explicar. Las aseguradoras que mejores resultados obtienen son las que han entendido que el perfil que necesitan es una combinación de capacidad técnica y habilidad comunicativa — y han formado a su equipo en consecuencia.

La segunda es la resolución real. Hay servicios de asistencia que acaban en un diagnóstico. «Su problema es X, tendrá que llamar a su operadora» o «necesita llevar el equipo a un servicio técnico». Eso no es resolución — es derivación. Y el asegurado lo experimenta como que nadie le ha ayudado realmente. Los servicios que generan fidelidad son los que resuelven el problema en la misma llamada siempre que es posible, y cuando no lo es, coordinan la siguiente acción sin dejar al asegurado gestionando solo.

La tercera es la accesibilidad. Un servicio que el asegurado no sabe que existe, o que requiere procesos complejos para activarse, es un servicio que no se usa. Y un servicio que no se usa no genera fidelidad — solo coste para la aseguradora. Las compañías que han trabajado la comunicación activa del servicio a sus asegurados, especialmente en los momentos de incorporación y renovación, tienen tasas de uso significativamente más altas y, con ellas, mejores indicadores de satisfacción y retención.

El asegurado que más usa el servicio — y que menos se menciona

Si tuviéramos que identificar el perfil de asegurado que más valor extrae de la asistencia tecnológica en el hogar, la respuesta no es la familia con hijos adolescentes ni el trabajador en remoto. Es la persona mayor que vive sola.

Este segmento tiene una relación con la tecnología que es, a la vez, cada vez más dependiente y cada vez más frágil. El smartphone se ha convertido en el principal canal de comunicación con la familia, con el médico, con la administración. Pero la capacidad de resolver incidencias de forma autónoma es muy limitada — y la red de apoyo informal no siempre está disponible cuando el problema ocurre.

Lo que hemos observado gestionando este servicio para aseguradoras es que en el segmento senior, el impacto del servicio va mucho más allá de resolver el problema técnico. La llamada es también, en muchos casos, un punto de contacto humano valorado en sí mismo. El tiempo de atención es más largo, la conversación más pausada — y el nivel de agradecimiento posterior es consistentemente más alto que en cualquier otro perfil.

Las aseguradoras que tienen una base de clientes con peso significativo del segmento senior y que todavía no ofrecen asistencia tecnológica están dejando sobre la mesa una palanca de retención que no tiene equivalente en ningún otro servicio de valor añadido.

Lo que el servicio revela sobre los asegurados — y que pocas aseguradoras aprovechan

Hay una dimensión de la asistencia tecnológica que raramente aparece en las conversaciones sobre el producto y que, sin embargo, tiene un valor estratégico enorme: cada interacción es una fuente de información sobre el asegurado.

Qué dispositivos tiene en casa. Qué nivel de adopción tecnológica tiene. Si vive solo o acompañado. Si tiene personas mayores a su cargo. Si trabaja desde casa. Qué tipo de incidencias le preocupan más.

Esa información, gestionada correctamente y dentro del marco regulatorio, permite a la aseguradora construir un perfil mucho más rico del asegurado — y utilizarlo para hacer más relevante la relación, anticipar necesidades y diseñar coberturas más ajustadas a su realidad.

El servicio de asistencia tecnológica no es solo un mecanismo de retención. Es, si se diseña bien, una ventana al hogar del asegurado que ninguna encuesta de satisfacción puede replicar.

Tres preguntas para evaluar el servicio que ya tienes — o el que estás considerando incorporar

Si tu aseguradora ya ofrece asistencia tecnológica, vale la pena hacerse estas preguntas con honestidad:

¿Qué porcentaje de tus asegurados sabe que tiene este servicio y cómo activarlo? Si la respuesta es «no lo sabemos con precisión», ahí está el primer problema.

¿Cuántas de las llamadas que recibe el servicio acaban con el problema resuelto en esa misma interacción? Si la tasa de resolución en primera llamada es baja, el servicio está generando frustración en lugar de fidelidad.

¿Qué perfil de persona atiende el servicio? ¿Ha recibido formación específica para comunicar con asegurados sin perfil técnico? Si la respuesta es no, el servicio tiene un techo de calidad que el diseño del producto no puede superar.

Si estás considerando incorporarlo, la pregunta más importante es más simple: ¿quién va a coger el teléfono cuando llame el asegurado? Todo lo demás depende de esa respuesta.

En Sosmatic llevamos años gestionando servicios de asistencia tecnológica para aseguradoras. Si quieres explorar cómo incorporarlo o mejorar el que ya tienes, hablemos.

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